Revista Campoastur - Invierno 2023

Si a esta profunda y poderosa tendencia sociológica le unimos las novedosas dinámicas desglobalizadoras y las de riesgos geopolíticos y de seguridad, el resultado de la ecuación está servido. Habrá menos alimentos y mucho más caros. Quién tenga ojos, que vea y el que avisa no es traidor. ¿Servirán de algo advertencias y avisos? Pues visto lo visto, no. Hasta que no veamos las orejas al lobo, continuaremos dando suicidamente la espalda a un campo que agoniza ante nuestras narices a una velocidad de vértigo. Ha bastado que los precios agrarios suban algo – todavía poco para lo por venir – para que elevemos nuestros gritos contra distribuidoras y agricultores, acusándoles de avaricia y desfachatez, jaleados incluso por la demagogia de más de un ministro. Ignorantes. Los precios suben por cuestiones de oferta y demanda y por desajustes en los mercados. Cuando estos funcionaron global y eficazmente, los precios tocaron mínimos históricos. Pero eso, desgraciadamente, ya forma parte de la historia. Los desajustes entre oferta y demanda han llegado para quedarse. ¿Cómo piensan que se consiguió mantener los precios agrarios históricamente bajos durante dos décadas? Más allá de cuestiones climáticas – en este dilatado periodo y a escala global ha habido buenos y malos años – han sido las dinámicas de la globalización las que permitieron que la humanidad pudiera alimentarse con la mayor abundancia y variedad de lo que hubiera disfrutado en su largo periplo evolutivo. ¿Y por qué? Pues por varios motivos, íntimamente interrelacionados entre sí. Primero, por la especialización y las economías de escala. Cada zona geográfica se especializó en sus producciones agrícolas más competitivas, abaratando sensiblemente sus costos. Si a esto unimos un transporte muy eficiente e integrado, ninguna traba aduanera y gran seguridad en la navegación, ya tenemos el resultado: alimentación barata y abundante en cualquier parte del mundo y en cualquier época del año. Si a estas eficiencias globalizadoras unimos la optimización de las cadenas de distribución internas, fruto de concentraciones en grandes operadores con un fuerte poder de compra y un sistema logístico y comercial muy optimizado, los precios más económicos estaban servidos para una sociedad que los normalizó sin ser conscientes de su anomalía histórica. Quién quiera conocer lo por venir, debe leer el libro "El fin del mundo es solo el comienzo" (Almuzara) escrito por el influyente especialista en geoestrategia, Peter Zeihan. En su obra mantiene una provocadora e inquietante tesis. Los buenos tiempos han pasado y nunca volveremos a vivir como lo hemos hecho estas últimas décadas, a pesar de sus crisis e incertidumbres. La globalización – por decisión norteamericana – ha terminado tal y como la conocimos. Eso significará encarecimiento 25 REVISTA CAMPOASTUR | Invierno 2023

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