Revista Campoastur - Invierno 2023
generalizado de productos y alimentos, debido al neoproteccionismo aduanero y, sobre todo, por romperse las cadenas globales optimizadas, especializadas y de escala suficiente. Pero, ¿por qué EEUU ha decidido finalizar con la globalización tal y como hasta ahora la conocimos y que ellos mismos crearon? Pues por dos razones fundamentales, la primera, porque con estas reglas de juego, China ganaba. Y, la segunda, por agotamiento político interno. Los americanos parecen haber perdido el vigor y la convicción suficiente y necesaria para mantenerse como los sheriffs del planeta, estando crecientemente tentados de replegarse y dejar que cada uno se las arregle como pueda. Y esto, no lo dude, significará más conflictos y menos seguridad en los mares, lo que acarreará, a buen seguro, mayor coste de los fletes y falta de garantía de suministro. Por eso, Zeihan, entre otros pronósticos, anticipa fuerte subida de los precios agrarios y escasez en los países con menos capacidad productora, sobre todo los africanos y del sudeste asiático donde el desaparecido fantasma de las hambrunas podría volver con su ancestral zarpazo de desolación, enfermedad y muerte. Se anticipan, con alta probabilidad, crisis alimentarias, sin que el paraguas de la globalización pueda ya paliarlos ni arreglarlos. Y mientras el riesgo de carestía alimentaria asoma por el horizonte, nosotros seguimos a lo nuestro, limitando y castigando a la producción agraria. Y, como muestra, la nueva PAC, un enorme artefacto burocrático empeñado en políticas antiproductivistas. Pues así nos irá, acuérdese bien de estas palabras. Ya hemos escrito en varios artículos que el campo se vengaría al modo bíblico – con escasez y subidas de precio – de la sociedad urbana que lo despreciaba y castigaba. No nos equivocábamos. Los precios agrarios ya han comenzado a subir y continuarán haciéndolo estos próximos años. Paradójicamente, la misma sociedad urbana que se queja de la carestía de la alimentación, continúa criticando las inversiones agrarias en regadíos, trasvases, invernaderos o granjas. Queremos alimentos variados, saludables y baratos, pero no que nuestros agricultores los produzcan. Y, claro, así no hay manera. Por eso, preparémonos para lo peor. Sólo despertaremos el día que los estantes de los supermercados aparezcan vacíos. O el día que tomar una ensalada de tomate sea tan solo un privilegio de ricos. El hambre es mala, muy mala. Y solo hay una manera de combatirla. Con alimentos producidos por agricultores, ganaderos y pescadores, que no son el problema, sino parte indispensable de la solución. Precisamos de una estrategia alimentaria, al igual que existe, por ejemplo, una estrategia energética, española y europea. Sorprendentemente, ni está ni se le espera. Nosotros insistiremos con la esperanza que no sea la venganza del campo la que despierte dolorosamente a una sociedad que aún desea alimentos sin agricultores. Y, eso, amigos, no funciona. Y si no, al tiempo, que arrieritos somos… Fuente: THE OBJECTIVE Manuel Pimentel “La venganza del Campo” 26 REVISTA CAMPOASTUR | Invierno 2023
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