El aporte de nitrógeno después de cosecha y antes de
la caída de la hoja mejora el porcentaje de flores que
cuajan al año siguiente, lo que resulta muy interesante
sobre todo después de una cosecha fuerte.
Formas de aplicar los abonos
La forma más habitual de aplicarlo en las pomaradas
asturianas es distribuyéndolo directamente al suelo.
Cuando la plantación es adulta y ya ha tomado todo
el espacio productivo, lo más sencillo para un abono
granulado es realizarlo a todo el terreno o con
localizador de línea mediante una abonadora centrífuga.
Cuando las plantaciones son jóvenes, a fin de
mejorar su aprovechamiento, es mejor realizarlo
de forma localizada, ya sea en bandas o formando
un círculo alrededor de cada árbol. Para el caso del
FERTIMANZANO, se empezaría con 350 gramos por
árbol en el segundo año de cultivo y se iría subiendo
progresivamente hasta la dosis adulta en el 7º u 8º año.
Otra opción interesante en pomaradas jóvenes son los
abonos foliares, que se pulverizan directamente sobre
las copas de los árboles, generalmente mezclados con
tratamientos fitosanitarios contra pulgones. También
son recomendables cuando se detectan carencias en
plena campaña, debido a su rapidez de actuación.
En la actualidad el manzano de sidra en Asturias se
considera un cultivo de secano tanto en patrón franco
como en semienano MM107 o M7. Pero un cambio en
esta percepción, fruto de la variación de las condiciones
climáticas o de las técnicas de cultivo, puede suponer
un vuelco importante en la forma de aplicar los abonos,
ya que en las plantaciones de frutales que disponen
de riego por goteo existe la posibilidad de aplicar los
fertilizantes disueltos en el agua de riego. La tecnología
existente para ello es muy amplia y de mayor o menor
complejidad según las necesidades del productor y la
inversión que desee realizar.
Jorge García
Director técnico de producción vegetal
Campoastur
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