Revista Campoastur - Marzo 2022

Estas emisiones deben cuantificarse sumando las generadas en todas las etapas de la producción de un producto o servicio, lo que se conoce como huella de carbono. LAS EMISIONES INDIRECTAS DUPLICAN A LAS DIRECTAS La FAO estima que las emisiones directas procedentes de los animales y sus excreciones suman, a nivel mundial, unos 2.300 millones de toneladas de CO₂ equivalente. Reconoce, eso sí, que incluyen también otros procesos. Por ejemplo, el uso de combustibles para maquinaria y calefacción en granjas también debe asociarse a la producción animal, pero está incluido en el apartado de “energía” del inventario. La huella de carbono de un producto de origen animal considera también las emisiones procedentes de la obtención de su alimento. Esta no siempre es producida en España y, por lo tanto, no siempre aparece computada en el inventario. Además, la producción de piensos requiere con frecuencia cambiar la forma en la que se usa el suelo, que pasa a retener menos carbono, liberando CO₂ a la atmósfera, aunque estos cambios se pueden revertir. El ejemplo más claro es la deforestación de bosques tropicales. En definitiva, la FAO estima que estas emisiones indirectas son casi el doble que las directas. Desde esta perspectiva, el peso de los productos de origen animal en las emisiones de gases de efecto invernadero se sitúa en un 14,5 % a nivel global, con unos 7.100 millones de toneladas de CO₂ equivalente, según la FAO. Esto supone una parte muy relevante de las emisiones relacionadas con la producción agroalimentaria, que se estima cercana al 25 % según organismos como el IPCC. El reciente informe de IPCC Global Warming of 1.5°C detalla de qué forma podemos evitar las peores consecuencias del cambio climático. Indica que será necesario reducir, además del CO₂ emitido por la quema de combustibles fósiles, las emisiones procedentes de la agricultura. La producción animal es, por tanto, una pieza esencial en la lucha contra el cambio climático por sus emisiones directas e indirectas. Las posibilidades técnicas para mitigarlas son amplias: • Optimizar la cría de animales en las granjas para que necesite la menor cantidad de recursos posibles. • Limitar los procesos por los cuales se originan las emisiones. En ambos casos se han logrado grandes avances en los últimos años, con perspectiva de que sigan mejorando en el futuro. Existe también medidas más estructurales: • Reducir las pérdidas asociadas al desperdicio alimentario. A pesar de todo, existen evidencias científicas de que el ritmo actual de mejora no será suficiente. Aunque producir carne pueda tener cada vez una menor huella de carbono, el total de emisiones asociadas no se reducirá debido al aumento de la demanda global. Por tanto, es indispensable desarrollar a través de la investigación e innovación formas de producción ganadera que permitan reducir a mayor ritmo las emisiones directas e indirectas relacionadas con la producción animal. Las medidas ligadas al consumo también serán fundamentales. Campoastur | 22

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