Revista Campoastur - Marzo 2022

¿REDUCIR EL CONSUMO DONDE MÁS SE CONSUME? En este contexto, se introduce en el tablero de juego un cuarto grupo de estrategias asociadas a los consumidores: • Reducir el consumo de productos con una elevada huella de carbono (entre los que se suelen encontrar los de origen animal) y sustituirlos por otros con menor huella que mantengan el aporte nutricional. Esta estrategia genera controversia y tiene matices que dificultan su aplicación a escala global. Se entremezclan aspectos ajenos al cambio climático, pero igual de relevantes, como la salud, la seguridad alimentaria, el bienestar animal y la sostenibilidad económica del mundo rural, entre otros. El enfoque siempre debe ser por regiones, pues existen partes del planeta muy deficitarias en la ingesta de nutrientes y proteína de alto valor biológico. Allí, los productos de origen animal desempeñan un papel fundamental. Además, los estiércoles generados son necesarios para la fertilización de los cultivos. Por el contrario, en las regiones de rentas más altas, como España, la ingesta de proteína de origen animal es, en general, mayor de la recomendable. Muchos estudios indican que reducirla para adecuarla a las recomendaciones de los nutricionistas ayudaría a mitigar el cambio climático. Una dieta con un mayor peso de legumbres, frutas y verduras de proximidad y temporada, en detrimento de carnes, bebidas azucaradas y alimentos procesados es un ejemplo de dieta más saludable y a la vez más sostenible desde el punto de vista climático. UNA ESTRATEGIA EFECTIVA, PERO CON MATICES Reducir el consumo de productos de origen animal es efectivo, pero tiene matices importantes que deben ser considerados. ¿Qué tipo de producto animal convendría reducir por motivos climáticos? La respuesta no es evidente, ya que existen producciones animales muy diversas. Los animales criados en condiciones intensivas pertenecen a razas mejoradas de cerdos y aves, alimentados con piensos de elevada calidad nutricional. Son los que aprovechan una mayor proporción de los nutrientes que ingieren y los que emiten menos metano por cada kilo de producto. Este tipo de producción es la que más se han intensificado en las últimas décadas, y ha permitido incrementar el consumo de productos de origen animal al hacerlos más accesibles. Esto no tiene por qué significar un mejor resultado a nivel de la cadena de producción, pues la mayor parte de su huella de carbono no está asociada a la cría de los animales, sino a la obtención de su comida, que alternativamente podría emplearse para alimentar a la población. La producción de pienso utiliza amplias zonas de cultivo de soja y cereal, con frecuencia alejadas miles de kilómetros del lugar en que son consumidas. También conlleva el uso de fertilizantes y las emisiones asociadas a su fabricación, aplicación y transporte. A menudo, implica cambiar el uso de suelos para implantar cultivos. Los animales criados en condiciones más extensivas, con una menor densidad de ganado por unidad de

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