agrícolas. Los sistemas extensivos presentan, según los primeros resultados, una mayor resiliencia debido a su menor dependencia de los mercados externos y a su mayor aprovechamiento de los recursos propios. Sin embargo, también existen explotaciones semiintensivas que combinan la estabulación del ganado con la producción de forraje dentro de la propia explotación y que consiguen resultados positivos en términos de sostenibilidad. Una herramienta también para el ganadero La futura etiqueta no está pensada únicamente para informar a quien compra un producto lácteo. Uno de los objetivos centrales de CLIMALACT es que los propios ganaderos puedan utilizar los indicadores para conocer la situación de sus explotaciones y establecer una hoja de ruta para mejorarla. La certificación permitirá al consumidor conocer el tipo de explotación de procedencia de la leche —intensiva, semiintensiva, semiextensiva o extensiva— y saber cómo se sitúa su nivel de sostenibilidad respecto a la media del sector. Para el productor, en cambio, la evaluación puede convertirse en un documento de referencia para identificar los puntos fuertes y aquellos aspectos susceptibles de mejora. La intención es que avanzar en sostenibilidad pueda ir acompañado de una mejora de la eficiencia. Reducir determinados costes de producción, optimizar el uso de los recursos propios y disminuir la dependencia de insumos externos puede contribuir tanto al comportamiento ambiental de la explotación como a su competitividad. Este aspecto resulta especialmente importante en un momento en el que el incremento de los costes de producción se encuentra entre las principales preocupaciones trasladadas por las explotaciones participantes. La alimentación animal y, especialmente, los fertilizantes están ejerciendo una presión creciente sobre la rentabilidad de las granjas. De la explotación al consumidor CLIMALACT pretende, por tanto, tender un puente entre lo que sucede en una explotación ganadera y las decisiones que toma el consumidor. La etiqueta ofrecería una información que actualmente no siempre resulta sencilla de trasladar: cómo se ha producido la leche y qué nivel de sostenibilidad presenta esa producción. La iniciativa parte de una colaboración estrecha con ganaderos, cooperativas, empresas y otros agentes del sector. Esa participación está siendo fundamental para definir unos criterios que tengan en cuenta tanto los objetivos ambientales como la realidad productiva de las explotaciones. El proyecto también se sitúa en un contexto europeo favorable a este tipo de iniciativas. La creciente demanda de productos sostenibles y las políticas europeas, incluida la Política Agraria Común (PAC), refuerzan la importancia de incorporar criterios de sostenibilidad a lo largo de la cadena de valor. Para Mosquera-Losada, los indicadores de CLIMALACT pueden ayudar a los ganaderos a evaluar su situación y avanzar progresivamente hacia mejores resultados. Existen experiencias similares en otros países europeos. En Alemania, por ejemplo, se ha desarrollado un proyecto basado en normas acordadas con agricultores y ganaderos para mejorar la sostenibilidad en el uso del territorio mediante el cumplimiento de determinados hitos. Los responsables de CLIMALACT consideran que sus indicadores podrían llegar a extenderse al conjunto del sector lácteo europeo, aunque sería necesario adaptarlos a las normativas, reglamentos y condiciones climáticas y productivas de cada país. 50 REVISTA CAMPOASTUR | Otoño 2026
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