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suficiente para la vida de las abejas y de la poca cría
que pueda haber. En primavera el ritmo de entrada
de energía con los azúcares del néctar determina el
aumento de puesta de cría y el desarrollo del nido.
Por esto es bastante habitual que el apicultor deje en
las colmenas suficientes reservas de miel operculada
como reserva para el invierno o suministre alguna
alimentación complementaria que aporte energía. A
su vez a finales de invierno y entrando en primavera
también se usan estos complementos en distintos
grados de humedad para estimular el inicio de puesta.
Sin embargo no es tan frecuente poner la misma
atención a la necesidad de proteínas de las colmenas.
El papel de las proteínas en la colmena
No existe para las abejas ninguna fuente de proteínas
de mejor calidad que el polen de las flores, además de
aportar grasas, vitaminas y minerales.
El polen empieza a transformarse cuando las abejas lo
recolectan y lo almacenan en las celdas en la periferia
del nido de cría donde se produce una fermentación
cuyo resultado final es lo que se llama pan de abeja,
que tiene distintas funciones (alimento de las abejas
jóvenes, alimento de las crías e ingrediente de la jalea
real).
En primavera los productos de la digestión del polen
se destinan en su mayoría a la alimentación de la cría.
Una vez adultas, las abejas almacenan la proteína en
su cuerpo, y lo utilizan para hacer las alas, los músculos
y otros órganos. El consumo de gran cantidad de polen
durante los primeros diez días de vida de la abeja nacida
es muy importante para el desarrollo de las glándulas
encargadas de producir jalea real.
Cuanto mayor sea el nivel de proteína en sus cuerpos,
más fuertes son y más tiempo pueden vivir. Un
contenido alto de proteínas corporales (60%) hace
que las abejas estén fuertes y tengan capacidad de
recolectar mucho polen y néctar. Sin embargo, cuando
el nivel de proteínas corporales está por debajo del 30%,
viven poco tiempo, tienen poca capacidad de producción
y son susceptibles a contraer enfermedades como loque
o nosema.
Al prepararse la colmena para invernar se reduce la
puesta y las obreras jóvenes dejan de excretar jalea
real. Necesitan reservas de proteínas para prolongar su